El viaje de hoy es algo especial; vamos a viajar a través del tiempo….
Esta vez Francia es el destino pero no es la historia, Francia es el lugar pero no el hogar, Francia es la acogida siempre que haya regreso.
Pero primero vayamos a España. Jesús Valdivia tenía 26 años y una cruz a sus espaldas: no había hecho la mili. Era un librepensador que con su ingenio y ayudado por la suerte, había conseguido escapar de las zarpas del franquismo hasta ese instante. La mañana del 17 de agosto de 1962, Jesús fue arrestado por los grises mientras se bañaba en un pequeño lago cercano a su casa; su mirada era aterradora pero firme, temblorosa pero desafiante. No le dejaron secarse la ropa, en menos de 5 horas su vida estuvo en manos de Franco. De frente a la dictadura, a Jesús no le pareció difícil derrotarla; el generalísimo (como le llamaban) era una versión española del increíble hombre menguante y un simple soplo haría que todo su cuerpecillo desapareciese de la historia, pero Jesús no tenía fuerzas, le dolían las costillas y apenas podía ver por el hinchazón de sus ojos. De repente, una voz algo más aguda de lo normal impregnó de sonido la habitación, Franco le preguntó a Jesús: ¿quieres llevarte bien conmigo?...esa frase cayó con todo el peso y la furia en la cabeza de nuestro dolorido héroe y como un reflejo instantáneo al que no se puede ejercer oposición unas palabras rotundas pintaron las paredes de aquella oscura habitación; Jesús contestó: mi madre me ha dicho que no hable con desconocidos que pueden ser malas personas, y ella nunca se equivoca. La paz que el obediente hijo sintió se vio rota por la decena de huesos que sonaron en el momento…el único recuerdo que permanece de esos instantes, es la alegría que sintió al ver de nuevo la puerta de su casa mientras alguien le decía: tu madre tenía razón, no debes hablar con desconocidos, pueden ser malas personas…… y una intensa risa se fue alejando del camino.
El 23 de Septiembre a las 15:45 de la tarde salió el autobús que llevaba la huida de Jesús a su nuevo destino: París… y su vida cambió.
La nostalgia le hacía volver, la rabia le paraba el cuerpo en aquel país. El emigrante inmigrado adaptó la situación al momento e hizo de tripas corazón. No lloró ni miró hacia atrás ningún día, ninguna semana, ningún mes, ningún año… todos los días se acercaba al buzón de su nueva casa y leía la carta que desde 8 años atrás alguien le hacía llegar. Con ilusión andaba el camino hacia la pequeña rendija, con ilusión cogía el sobre blanco sin remitente y con ilusión desdoblaba el papel que había en el interior, después de eso leía sus letras una y otra vez sin saber realmente si había visto bien lo que ponía o por el contrario su cabeza le hacía imaginarse esas letras por la cantidad de veces que había descifrado esa frase: Sigue durmiendo…Sigue durmiendo, siempre ponía lo mismo… y deshizo el camino que con ilusión había hecho y que con una carta rota terminaba.
El 20 de noviembre de 1975, Jesús salió a conocer París; unas horas antes, el camino hacia su buzón le trajo una respuesta inesperada. Había una carta, sin remitente, con el sobre blanco… pero esta vez era diferente, no olía igual, su tacto era más alegre… abrió el sobre con cuidado pero con la misma desgana que desde hacía un tiempo le había regalado la desilusión. Era distinta, la carta no era como siempre; en el margen superior derecho había escrita una fecha: 20 de noviembre de 1975….pero no era la única diferencia que había en aquel trozo de papel, esta vez su frase era distinta. El ya cansado inmigrante lloró por primera vez en 13 años, las lágrimas borraron aquellas letras pero ya daba igual, se habían clavado con fuego en el alma del no-vencido librepensador: Todo fue una pesadilla. Eso era todo, eran las únicas cuatro palabras. Estaban en el centro de la hoja, como si alguien hubiese medido el tamaño de la cuadrícula.
Esa tarde el ibérico francés se sentó en la terraza y alguien le preguntó: ¿qué quiere tomar?, Jesús con una gran sonrisa en su mirada le respondió: póngame un café por favor, me acabo de despertar.

